Puto diario

viernes, 28 de octubre de 2011
Hola puto diario,

hoy, como ya estarás presintiendo, tengo la imperiosa necesidad de serte sincero. Hoy vuelvo a tí, que siempre me escuchas impasible, para ver si acabo con tu infinita paciencia, para contarte que estoy harto de que lo recojas todo sin devolver nada; para decirte que me agobia que hayas sido testigo de incontables penalidades sin decirme un “ánimo, todo pasará” o que en los buenos tiempos no me hayas dedicado un simple “felicidades, disfruta este momento”. Te agradezco, eso si, tu capacidad para recoger cualquier vomitona por mal escrita que esté, por muy ácida que sea, por muy maloliente que resulte. Ahí no tienes rival. Ese silencio tan tuyo es la mejor garantía de confidencialidad. Pero ya me cansó tu afasia crónica. Ya me hartó tu imperturbale superficie inexpresiva, tu papel mudo, tu guión plano. Hoy voy a vomitar en otro lado, a mear fuera de tiesto, a salirme de tono. Hoy no cabe mi grito entre tus páginas. Hoy maldigo tu carácter reservado, tu vocación encubierta de libro de autoayuda y tu pretenciosa cubierta de cuero. Mañana me compro una agenda. Espero que sufras, en ese silencio tan tuyo, la larga estancia que te espera en el cajón de los calcetines.


Juan Luis Blanco
27/10/2011

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Horia eta berdea, mikatza eta garratza, azken hilabeteetan hainbestetan borborka irtetzen ikusi dudan bilisa bezala...

Anónimo dijo...

Las agendas tienen la ventaja de no estar diseñadas para anotar emociones, pero esconden un gran peligro. Pueden alimentar la tendencia a llenarlas de actividades, a veces absurdas, para que el tiempo pase rápido porque, como dice la gente, “el tiempo lo cura todo”. Te aconsejan de buena fe que te apuntes a tal o a cual actividad para que te distraigas y, mientras tanto, lo que está pasando en realidad es que estás desperdiciando un ratito de vida, inconscientemente.

No quiero vivir la vida distraída para que no me duela, esperando a que pase sin darme cuenta. Ni siquiera en momentos de sufrimiento quiero que transcurra sin que yo la sienta. Prefiero sentir su paso consciente o semi-conscientemente, con mayor o menor intensidad, aunque me deje agotada, como lo hace tantas veces.

¡Que la agenda te sirva para aprovechar la vida, no para llenarla de actividades para que se te haga corta!

Juan Luis dijo...

Lo que menos me gusta de las agendas es el modo en que compartimentan el tiempo. Lo que más me atrae es que, a diferencia del diario, que se llena de experiencias y emociones ya pasadas, la agenda mira al futuro: planea, proyecta, imagina. Si esto fuera poco, la agenda no tiende a la introversión –como el diario– sino que es un libro abierto en el que entran los planes de otros.

O sea que me compraré la agenda. Luego el problema será pensar los planes, porque eso requiere de una cierta capacidad anticipación. Y ahí yo me reconozco bastante inútil :-(

Anónimo dijo...

Me encanta como escribes.

Feli

Juan Luis dijo...

Muchas gracias Feli. Un beso.

Anónimo dijo...

Estúpido comprador de páginas encubiertas en cuero... ¿Qué derecho crees tener ante mi respuesta inanimada, ¿Te he elegido yo acaso?
¿Crees que en el precio se incluye además consolar estas tus lágrimas de humano?
...Quisiera yo decidir lo impreso en mis páginas, meter entre calcetines los frustrados “pobre de mi” y sentir la puta vida de la que tanto me hablas y por la que tanto te envidio.
Haz lo que te de la gana, o lo que el momento te permita, sin valorar éste mi encierro en tu cajón y el cambio hacía quién sólo te marca el día y la hora. ¿Acaso crees tu nueva agenda sujetará toda la magia marcada en otro tiempo y podrá dosificarla para que te sientas mejor?.
Si te sientes mal, es por que un día sentías mejor y ningún poder tienen mis páginas en esto ahora muertas para ti. Olvidas facilmente nuestros grandes momentos de gloria.
Osado dueño, sácame del peor cajón de tu casa... que ya tengo bastante con ser tu diario... y dejémoslo estar.

Con todo mi cariño y con el pedazo juego que das, buenísimo oye, mil besos.

Ana.

Juan Luis dijo...

Creo que debería pedirte perdón, mi querido diario... (Ana me ha hecho recapacitar). Es hora de felicitarse pues has roto tu secular silencio. Cuántas cabezas me habré llevado por delante entre tus páginas, incluída la mía propia, ayudado por tu silencio cómplice. Pero claro, hoy era diferente, el guillotinado eras tú. Hoy hablas. Hoy te defiendes. Hoy te permites juzgarme. Y hay que reconocerte parte de razón. Pero yo hubiera deseado escuchar tus palabras en los momentos necesarios, no ahora que miras con recelo mi nueva agenda aún por estrenar. Ahora que se que posees el don de la palabra, tus silencios me duelen aún más. Puede que algún día podamos conversar y tengas ocasión de convencerme de que retomemos nuestra tortuosa relación. Mientras tanto, como muestra de buena voluntad, te subiré un nivel –al cajón de los calzoncillos– donde podrás ir pensando los argumentos que vayas a utilizar para acercar nuestras posiciones...

Gracias Ana, genial comentario :-)

Anónimo dijo...

¡Qué diario tan descarado! ¡Me gusta! De todas formas, no es la primera vez que te habla, no hay más que leer el montón de veces que te ha comentado lo que has escrito. Pero creo que ha sido demasiado complaciente, demasiado sumiso y, ¡por fin, se ha rebelado! Me gusta más este diario, ahora que, de vez en cuando, te lleva la contraria.

Juan Luis dijo...

Un diario rebelde!!!! Genial!!! Prometo breve relato al respecto. Gracias por todos los comentarios. Hay entradas en que creo que recibo mucho más de lo que doy... :-)

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