Fortunas

domingo, 25 de diciembre de 2011
Ayer me sentía un poco solo. Esta mañana he pasado mucho frío.
Pero ahora me acompañan un gato, un piano, un libro de viajes y unas horas de sol.
Soy rico. Y se me había olvidado.


Juan Luis Blanco
25/12/2011

Restos

domingo, 18 de diciembre de 2011

Hago divisiones con mi hijo. Y mientras me dejo atravesar por la melancolía musicada de Ruper Ordorika, me acuerdo de los que se han ido, de los que me faltan. Dividendo, divisor, resto. No olvidarse las llevadas. Ni los duelos de los que aquí quedan. Adaggio, moderato, coda. Los temas de “Memoriaren mapan” van deslizándose monótonos. Y tristes. El tiempo adquiere tonalidades anaranjadas y da a luz un momento extraño en el que el pasado doloroso y el porvenir esperanzado se enredan en mis entrañas. Por cualquiera de las dos cosas lloraría. Lloro, de hecho, aunque no sea capaz de discernir por qué. Ni me importa. Mi tesoro hace la tercera división sin ayuda y enmarca el resto entre dos rayitas. Me gustaba más la linea sonriente con la que en mis tiempos lo subrayábamos. Pero hoy no me parecen mal esos dos trazos. Los tiempos cambian, los niños crecen y llegarán, sin duda, los días en que volvamos a dibujar sonrisas.


Juan Luis Blanco
18/12/2011

Solitarios

viernes, 16 de diciembre de 2011

Los solitarios no follamos. Los solitarios nos reunimos a veces para vomitar soledades. Bebemos, reímos, olvidamos por unas horas los millones de caricias que no hemos recibido y disfrutamos de ese excedente de libertad del que tanto presumimos cuando queremos disfrazar nuestras miserias ante un público que nos escucha a pares. Los solitarios, vocacionales o no, caminamos erguidos no se muy bien por qué. Podríamos escribir libros con las palabras dulces que no hemos escuchado. O componer sinfonías con ronroneos de placer desconocidos.

Los solitarios ocupamos muy poco sitio. Existimos al margen. Destacamos quizás por lo desierto del espacio que nos rodea. Pero debe de haber algo que, a falta de otros apoyos, nos mantenga en pie. A lo mejor es que los solitarios sabemos con relativa certeza que un día podemos dejar de serlo. Y tal vez, ese día, nos encontremos mirando con lástima a aquellos amigos que un día compartieron con nosotros su soledad. No digo yo que en tal caso no sintiéramos una punzada de envidia apuñalando nuestra previsible compasión. O que los abrazos recién estrenados no pesaran como el acero gris de algunas cadenas.

Juan Luis Blanco
15/12/2011

Anclas

miércoles, 7 de diciembre de 2011

En el cementerio de anclas, como en el resto de cementerios, las conversaciones tenían lugar por la noche. Con la oscuridad comenzaban a resonar los nombres de exóticos puertos, islas, bahías, cabos y atolones. Solían presumir entre ellas de haber fondeado en los lugares más extraños y remotos. Sobre todo, amplificaban hasta la exageración el orgullo de haber pertenecido a tal o cual navío, porque se sabían el cordón umbilical que los había conectado, aunque fuera de forma provisional, a una tierra que sólo ellas conocían, y que yacía ignorada bajo el manto líquido de los mares. Ahora, en dique seco, mostraban con orgullo todas las cicatrices producidas por las rocas, los arrecifes y el óxido, y recordaban con cierta arrogancia los cientos de derivas a las que un día pusieron punto final.

En ocasiones se escuchaban algunas risas —ellas tienen siempre la sonrisa a punto. Risitas de ancla con olor a herrumbre y salitre, y con un sonido metálico y cantarín que reverberaba en los diques del puerto. Como los días en que la lluvia les hacía cosquillas, o la noche en que José, con toda su buena intención y algunos litros de vino de su tierra en la cabeza, les explicó de dónde venía, por qué hubo de marchar de allí y la importancia vital de recordar siempre las propias raíces.


Juan Luis Blanco
7/12/2011

Parecidos

sábado, 26 de noviembre de 2011

La tarde en que la conoció comenzaron las extrañas transfiguraciones. Aunque las cosas seguían manteniendo su apariencia de siempre, no podía evitar descubrir extravagantes parecidos entre los objetos más dispares. Así, veía similitudes que nunca antes se le habían revelado entre los ataúdes y las bañeras, los timones y las ruletas, las cruces y los puñales, los globos y las bombas, los lápices y las lanzas, las bombillas y las lágrimas... En un principio se preguntó a qué podía deberse todo aquello, qué significado podía tener. Luego, prudentemente, decidió no ahondar demasiado en el asunto y se juró que, cuando lo encontrara, rompería el papel donde apuntó su teléfono.


Juan Luis Blanco
23/11/2011

Revés de otoño

lunes, 14 de noviembre de 2011
En ocasiones el otoño se presenta parduzco, monócromo y sin brillo, como esa carretera abandonada donde pasean los jubilados, o como la valla descolorida de un parque infantil vacío.

A veces tiene el sabor impronunciable de los retornos aplazados, o el gusto rancio de los caramelos olvidados en los abrigos.

A veces zumba como un timbre lejano que toca en otra puerta. Otras, suena simple y llanamente a silencio roto.

El otoño huele a veces a vertedero de ilusiones, a flor de plástico de psiquiátrico, al perfume marchitado de los ausentes.

Ese otoño te acecha con la mirada aburrida del vigilante de un zoo, renuncia apático a su atuendo impresionista de postal y zancadillea, por pasar el rato, a los segunderos de los relojes. Ese otro otoño también se resiste a morir. En las tardes oscuras de nublado se camufla con su uniforme más anodino y aniquilador, y te doblega con una melancolía áspera, densa y terrestre.

Luchar contra él es inútil. Recomiendo dejarse llevar, no tomar decisiones, contratar un conductor de caravanas de camellos y vagar por el desierto sombrío en que todo parece convertirse por momentos. Luego, esperar.


Juan Luis Blanco
14/11/2011

Inter-rogatorio

viernes, 11 de noviembre de 2011
Permaneció sentado al sol hasta que se acabó el agua de la cantimplora. Parecía momento de irse y decidió visitar un antiguo templo que le quedaba de paso. Hacía mucho tiempo que había perdido la fe que trataron de inculcarle, pero si había un lugar apropiado para la oración, o en su defecto, para atender cada cual a sus adentros, era aquel templo octogonal en mitad de la nada.

Un candado dorado le impidió la entrada. A él le había costado mucho tiempo prescindir del reloj y dejarse llevar por impulsos menos mecánicos y más vitales, y ahora resultaba que era dios quien tenía horarios. Más tarde de las dos y media uno no era bienvenido en su casa... Contrariado, rodeó el templo disfrutando de algunos detalles arquitectónicos que ya casi no recordaba. Inspirado por un extraño capitel y por el recuerdo de los ojos de alguien a quien no le iba a venir mal un poco de suerte aquella tarde, inventó un dios y una oración para aquel momento, para aquel día. Luego, se dispuso a continuar su camino.

Miles de grullas cruzaron entonces el cielo en larguísimas hileras. Rió con ellas, y quedó largo rato con la mirada fija en la última grulla de la última hilera. Se preguntó si también reiría, si alguna vez miró hacia atrás, o si en alguna ocasión le tocó volar sin nadie delante. Se preguntó si aquel ave sabía qué hora era. Si dios sabía qué hora era. Se preguntó cómo era posible que un dios con poderes sobrenaturales hubiera creado tal cantidad de seres imperfectos, y, en unos minutos, uno de aquellos seres imperfectos hubiera creado una divinidad todopoderosa.

No supo responderse, y nadie lo hizo por él. Tampoco supo interpretar las risas de las grullas. Como otras tantas veces, volvió a su casa con una nueva colección de preguntas que poco a poco irían desvaneciéndose en el olvido. Igual que el sonido de las miles de grullas que en aquel momento estaban a punto de desaparecer en la lejanía.



Juan Luis Blanco
11/11/2011

Agenda alada

miércoles, 2 de noviembre de 2011
El lunes del lunes es el martes. El miércoles la semana se lanza en picado desde su atalaya y desciende incontenible hacia el “sabadomingo”. Y así, 52 parpadeos que añaden, sin haberlo sentido, un año más de experiencia a nuestra juventud incurable... Mi nueva agenda me da vértigo y ánimo por igual.


Juan Luis Blanco
2/11/2011

Puto diario

viernes, 28 de octubre de 2011
Hola puto diario,

hoy, como ya estarás presintiendo, tengo la imperiosa necesidad de serte sincero. Hoy vuelvo a tí, que siempre me escuchas impasible, para ver si acabo con tu infinita paciencia, para contarte que estoy harto de que lo recojas todo sin devolver nada; para decirte que me agobia que hayas sido testigo de incontables penalidades sin decirme un “ánimo, todo pasará” o que en los buenos tiempos no me hayas dedicado un simple “felicidades, disfruta este momento”. Te agradezco, eso si, tu capacidad para recoger cualquier vomitona por mal escrita que esté, por muy ácida que sea, por muy maloliente que resulte. Ahí no tienes rival. Ese silencio tan tuyo es la mejor garantía de confidencialidad. Pero ya me cansó tu afasia crónica. Ya me hartó tu imperturbale superficie inexpresiva, tu papel mudo, tu guión plano. Hoy voy a vomitar en otro lado, a mear fuera de tiesto, a salirme de tono. Hoy no cabe mi grito entre tus páginas. Hoy maldigo tu carácter reservado, tu vocación encubierta de libro de autoayuda y tu pretenciosa cubierta de cuero. Mañana me compro una agenda. Espero que sufras, en ese silencio tan tuyo, la larga estancia que te espera en el cajón de los calcetines.


Juan Luis Blanco
27/10/2011

Leyes

viernes, 21 de octubre de 2011
Hoy me tengo que felicitar. Son las 3 de la tarde y no he infringido todavía ninguna ley. Puede sonar exagerado, pero los que tenemos la costumbre de transitar por este mundo en una furgoneta nos contamos entre los pocos seres vivos capaces de quebrantar leyes incluso dormidos.

No obstante, antes de continuar, debería de aclarar –y aprovecho para agradecer el esfuerzo educativo de mis padres– que desde muy niño he acatado leyes y principios de importancia capital en nuestras vidas y destinos: Ley de Gravitación Universal de Newton, Principio de Arquímedes, Segunda ley de la Termodinámica, Principio de Incertidumbre de Heisenberg...

Escuché una vez que el desconocimiento de la norma no exime de su cumplimiento. En este sentido quisiera recalcar mi intachable trayectoria a la hora de cumplir unas cuantas leyes que ni conozco, ni entiendo, ni entenderé probablemente. Entre ellas: Ley de Inducción Electromagnética de Faraday, Ley de la Propiedad Horizontal, Leyes de la Probabilidad para Sucesos Absurdos...

No quisiera olvidarme de otro grupo de leyes que, más tarde o más temprano, acabamos obedeciendo muy a nuestro pesar: Ley de Alternacia de las Adversidades, Ley de las Perspectivas Imposibles, Ley de Viscosidades de la Desesperanza, Ley de Conservación de la Melancolía, Ley de Mejor lo Dejamos para Otro Día...

En fin, supongo que es bien conocida la Ley del Mínimo Esfuerzo, aunque quizás no a todos les resulte familiar la Ley de Pertinencia de los Puntos Finales. No me avergüenza reconocer que en este ámbito siempre he sido muy estricto. Hasta luego.


Juan Luis Blanco
20/10/2011

Aprendiz de analfabeto

domingo, 16 de octubre de 2011

Hay quien dice que en el lenguaje se puede ver reflejada la estructura del mundo en que vivimos. Ocurre que cuando ese mundo se te viene abajo las palabras ya no sustentan realidades y quedan como colgajos en el aire, a la espera de un esfuerzo de reestructuración. Y no es tan sencillo volver a organizar el lenguaje de acuerdo a un mundo tan inestable, tan impredecible, tan inhumano. Ayer repasaba yo mi abecedario remodelado. La “a” de mi nuevo alfabeto está en quinto lugar. La “z” anda por el decimosexto o decimoséptimo. La “b” en el vigesimotercero. Me parece entender el drama de ser analfabeto y sospecho que el trabajo de asimilarlo va a ser inmenso. Pero no todo es tan desastroso: la “l” de “luz” y la “m” de “mañana” permanecen donde estaban. Además, ¡es la primera vez que uso la palabra “vigesimotercero”! ¡Hoy hay cosas que celebrar!


Juan Luis Blanco
16/10/2011

Relojes

miércoles, 14 de septiembre de 2011
video

Tengo unos cuantos relojes en casa. Está el que atrasa minutos discretamente. Otro gandul y descarado que atrasa horas sin ningún complejo. Está el que se paró para siempre y hoy me mira estático con su corazón silente. También otro que se paró y volvió a ponerse en marcha un jueves para insistir con su tic-tac inútil en la misma hora, minuto y segundo. No penséis mal, tengo también un par de relojes precisos. A cada uno de ellos lo voy mirando según me interesa, que es una ventaja que recientemente he encontrado a este desgobierno horario. Así que, lejos de preocuparme, esta situación se me va haciendo cada vez más confortable. Sin embargo, hay días en que echo en falta el reloj que adelanta, el que se traga las horas sin masticar 60 veces. El que devora los minutos y acorta los días que uno quisiera no tener que vivir.


Juan Luis Blanco
13/9/2011

La pluie et l'arc-en-ciel

domingo, 28 de agosto de 2011
Anoche, mientras buceaba sin oxígeno en un mar de recuerdos y sin venir a cuento, mis ojos se volvieron azules. Más en la superficie, mi gato, al que admiro cada vez más por su fascinante creatividad a la hora de recuperar protagonismo, se meó en mi partitura favorita de Prokofiev: La pluie et l'arc-en-ciel. Touché! Yo pensaba que aquel principio disonante se le haría familiar, que le agradaría por el parecido con sus primeros pasos sobre las teclas…, pero me temo que estoy otra vez equivocado. Hoy mis ojos han vuelto a su habitual tono indefinido y vuelvo a hacer equilibrios de funambulista desentrenado sobre un presente cada vez más delgado. No tengo ni la más remota idea de cómo acabará la semana. Ni el mes. Ni el año. De momento, esa partitura amarillenta se ha convertido en lo más parecido a un objetivo que puedo dibujar ahora mismo en el futuro. Se va a enterar mi gato cuando escuche la deslumbrante melodía que, como sol entre nubarrones, se cuela entre sus compases…

Escuchar: La pluie et l'arc-en-ciel

Juan Luis Blanco
27/8/2011

Encrestados

domingo, 21 de agosto de 2011
Llevaban ya horas remontando la cresta de la montaña. Desde el collado no se habían cruzado ninguna palabra. El cansancio se hacía ya patente en el ritmo de sus pasos y en el ánimo.

Tras esquivar una roca ella de repente gritó: ¡Feldespato!
—¡Brújula! —contestó él irritado, una vez que la sorpresa inicial cedió paso al enojo.
—¡Canónigo! —volvió a gritar ella confusa y enrabietada al tiempo.
—¡Escápula! —chilló él enfurecido y a punto de perder los papeles...

Por suerte, el hito de piedras que marcaba la cima apareció y la alegría por culminar la ascensión frente a aquel mar de nubes les hizo olvidar la fatiga y los reproches.

...

—¡Estratocúmulo! —susurró ella para sus adentros.
—¡Asíntota! —iba a decir él. Pero calló para zanjar de una vez aquel absurdo y tratar de realizar el descenso en paz.


Juan Luis Blanco
12/8/2011

Mi gato

jueves, 11 de agosto de 2011
Me maúlla a la cara mis ausencias y se desgañita a deshoras exigiendo su ración atrasada de caricias. Antes, a deshoras, mi gato tocaba el piano sin saber solfeo. Ahora ha aprendido solfeo —do-re-miau-fa-sol-la-si-do...—, pero ya no toca el piano nunca. No me hace mucha gracia que sea tan humano. A veces pienso que soy más gato que mi gato.


Juan Luis Blanco
31/7/2011

Turistas

jueves, 4 de agosto de 2011
Bajaron del autobús y comenzaron a hacerse fotos junto a la estatua de mármol blanco. Como una manada de animales hambrientos que necesitaran acumular en sus cámaras pedacitos de viaje para tiempos peores. ¡Cuánto han cambiado las formas de viajar! —pensé–, y retiré la mirada de la efigie de Elcano y de la penosa escena que tenía lugar a sus pies.

Volví al exótico aroma de mi taza de té y al fascinante relato de las aventuras de Ruth: Vietnam, Madagascar, Tanzania..., en especial las aguas cristalinas y las chozas sobre la playa de Bawe Island, al oeste de la isla de Zanzíbar; también la playa de arenas negras de Soledad, en la costa pacífica de Nicaragua, lugares paradisiacos que no aparecen en ningún catálogo de viajes, y que no deberías perderte...

No había comparación posible entre lo que mi amiga me contaba y la escena del rebaño de turistas que contemplábamos con desdén desde la ventana. Había llegado otro autobús y aquello empezaba a ser grotesco.

...y si tienes ocasión, los inmensos bosques de la reserva Nechako en la Columbia Británica, el paisaje de montañas semidesérticas alrededor del Cerro Milagro, cerca de los Andes chilenos, donde en caso de vivir alguien probablemente no conocería la palabra turismo...

A pesar del énfasis que Ruth ponía a su relato, no pude evitar volver a mirar al grupo de visitantes. Seguían sacándose fotos risueños y sin el menor sentido del ridículo. Se me hacía extraña la aceptación sin titubeos de aquel estilo de turismo adocenado. Aquella conformidad satisfecha en sus sonrisas debía de ocultar alguna clave que no acertaba a descifrar.

...aunque para lugares remotos, Waletah, el pueblo de barro rojo y sol abrasador en el desierto de Mauritania, y sobre todo Mehetia, la sorprendente isla volcánica deshabitada al este de Tahití, donde no existen ni caminos ni restos de ninguna edificación o habitante...

No sé muy bien porqué el té-exótico-que-no-se-puede-encontrar-en-ninguna-tienda-occidental se me estaba haciendo más amargo; a la vez que la letanía de lugares-ignotos-donde-todavía-no-ha-llegado-la-lacra-del-turismo-masivo me estaba empezando a irritar. Como cuando un niño no cesa de tocar el timbre para que todos veamos su bicicleta nueva.

...la zona de Uarini, en mitad de la Amazonia, era una selva increíble antes de que comenzaran las talas... ahora quiero que veas unas fotos que guardo en mi portátil...

¿Fotos? Como si mirar a otro lado me fuera a aliviar del calvario que me esperaba, volví la vista a la plaza. Una pareja de jubilados habían intercambiado cámaras con dos jóvenes japonesas porque querían un recuerdo abrazados junto al ilustre marino. No se entendían pero reían a carcajadas mientras se explicaban mediante gestos cómo usar la cámara digital del Mercadona. Luego pidieron al guía que los sacara a los cuatro juntos.

Fué en aquel instante, al imaginar aquella fotografía pegada con imanes en un frigorifico destartalado —muy probablemente junto a las de sus aniversarios, nietos y mascotas— cuando sentí aquella idea intrusa dentro de mí. A traición y sin distinciones hizo añicos opiniones, prejuicios y convicciones. Y durante varios minutos me sentí menguar ante la grandeza difusa y sin pretensiones de quienes se saben tan únicos como todos los demás.


Juan Luis Blanco
27/7/2011

La vida de los árboles

lunes, 1 de agosto de 2011
Como en otras ocasiones en que hemos atravesado un bosque, hoy, a la sombra del encinar, Mauro ha vuelto a sus proverbiales interrogatorios: ¿Cuántos años viven los árboles? ¿No es injusto que vivan mucho más que nosotros y no puedan ni siquiera moverse de su sitio? ¿No son demasiados años para una vida tan aburrida? ¿No sería mejor morirse un poco antes?...

Como otras veces, respondo a medias. Quizás necesitara la vida de un árbol para hallar alguna respuesta convincente... Yo no sé decir si los árboles sienten que se aburren o si aburrirse debiera evitarse a toda costa. Ni siquiera sé cómo de conveniente sería combatir el aburrimiento con la muerte... Tampoco sé si éstas son preguntas para un niño de diez años...


Juan Luis Blanco
1/8/2011

Recuperación

miércoles, 20 de julio de 2011

Se sentía inútil porque la lesión le obligaba a realizar cualquier tarea a un ritmo mucho más pausado. Pero no perdía la esperanza, y sabía que un día, recuperada por completo la movilidad de su brazo, superada la torpeza, y con algo de esfuerzo, conseguiría volver a sentirse útil mientras seguía haciendo las cosas a un ritmo mucho más pausado.


Juan Luis Blanco
20/7/2011

Rumbo a San Fermín

miércoles, 6 de julio de 2011
Como otros años salió de Zeven el 30 de junio camino de Pamplona. Solía darse una semana porque era el tipo de persona que adora el viaje tanto como el destino y no desaprovechaba las ocasiones para facilitar los encuentros, ya fueran con lugareños o con viajeros como ella. Apenas quedaban unos minutos para el mediodía del día seis, y ya estaba empapada en sudor. Mientras se preguntaba cómo era posible que entrara tanta gente en la plaza del ayuntamiento le vino a la mente la imagen de Raymond, el marino que conoció en La Rochelle. Recordó las caracolas de su pelo, sus manos rudas y agrietadas, su dulce y serena mirada. Los cánticos la devolvieron de nuevo a la plaza. La gente se empujaba, reía, gritaba en todos los idiomas imaginables. Era prácticamente imposible escuchar el pregón. Disfrutaba con aquel espectáculo pero se sentía incómoda. Además del sofoco comenzaba a sentir mareos. Y claustrofobia. Aguantó hasta escuchar el chupinazo. Con el vello erizado por la emoción apagó el minitelevisor, salió a la cubierta del velero y gritó: Ray, tu sabes si el Arga es navegable? No tengo ni idea —respondió él. Y acompañó el giro del timón con una sonora y luminosa carcajada.


Juan Luis Blanco
6/7/2011

Puesta de sol

lunes, 20 de junio de 2011

¡Cómo no! había muchas más opciones. Pero yo me quedo con la pizza cuatro quesos, con el espectáculo sencillo, gratuito y extraordinario de la enorme bola naranja hundiéndose en el mar, con la experiencia inexplicable y mágica del hombre y el niño maravillados por un minúsculo y efímero rayo verde. Me quedo con la charleta entretenida y naturalmente inconexa sobre el horizonte, los gatos, el color, los días, el mañana y los incendios. Me quedo con la sensación de que compartir algunas pequeñas vivencias es expandirlas hasta límites desconocidos. Me quedo con la muy agradable sospecha de que tanto el hijo como el padre crecieron un poquito aquella tarde.


Juan Luis Blanco
20/6/2011

Ni tanto ni tan calvo

miércoles, 8 de junio de 2011

Era un hombre del montón.

Ni todopoderoso ni inútil: algo entremedias con la inteligencia necesaria como para intuir sus límites y la incompetencia suficiente como para hacer posible el crecimiento.

Y por otro lado,

ni tan incauto como para abrazar cualquier idea alternativa, ni tan conformista como para aceptar sin recelo las viejas doctrinas;

ni tan viejo como para dejar de creer en las utopías, ni tan joven como para vivir sólo de ilusiones;

ni tan ciego como para no ver la necesidad de algunas certezas, ni tan clarividente como para desembarazarse de todas sus preguntas;

ni tan visceral como para negar el encanto de algunos razonamientos, ni tan cerebral como para no escuchar a sus tripas en las grandes decisiones;

ni tan obtuso como para pensar que la virtud reside sólo en la moderación, ni tan simple como para no adivinar la amenaza que suponen los extremos;

en fin, ni tan miope como para no ver que el equilibrio se halla normalmente en el término medio, ni tan estúpido como para ignorar que el término medio no siempre es la mejor de las opciones.

Era, como antes decía, un hombre mediocre.


Juan Luis Blanco
8/6/2011

Memoria de olvidos

sábado, 28 de mayo de 2011

Incumpliendo nuevamente lo previsto olvidó la estrategia que había planeado para acordarse de su cumpleaños. Extravió el papel en que apuntó la fecha y perdió el cordel rojo que le hubiera recordado dónde guardó la nota. Agradecía de todos modos que la mala memoria le hiciera el inmenso favor de olvidar sus incontables despistes. A estas alturas de su vida sus recuerdos eran ya superados con creces por sus olvidos, y era también de justicia que su memoria no se autocastigara recordándolos. De todos modos, nada importaba: hacía tiempo que tampoco sabía en que día vivía.


Juan Luis Blanco
27/5/2011

Ola y adiós

lunes, 23 de mayo de 2011

Todavía la recuerdo. No me pidió el voto ni amor eterno. Acarició mis tobillos, perfumó la brisa de salitre y alfombró el mediodía de mar y rosas. Luego, discretamente, se retiró.


Juan Luis Blanco
23/5/2011

Anuncio

domingo, 10 de abril de 2011

Compro conclusiones nuevas. Vendo prejuicios usados. 605908889.


Juan Luis Blanco
9/4/2011

Mundo Stornäs

lunes, 4 de abril de 2011
Mientras caminaba entre muebles y parejas de jóvenes por el intrincado laberinto del centro comercial, se me ocurrió que una visita al Ikea era probablemente la prueba de fuego para una pareja que ha decidido iniciar una convivencia. Precios, colores, volúmenes, espacios, gustos, costumbres, presupuestos, espectativas... ¡Hay tantas oportunidades para el desencuentro que salir de la mano de tu pareja constituye sin duda una proeza!

Afortunadamente yo iba solo, pero en ocasiones se me contraían las entrañas si alguna de aquellas discusiones contenidas llegaba de pasada hasta mis oídos. Lejos de sentir alivio, me indigestaba la aspereza de aquellas discrepancias ajenas. Opté por el autoengaño y decidí que también podía ser hambre, así que acabé mi compra y me fui directo al self-service a trincarme un sabroso codillo. Y entonces los ví.

Yo diría que ya habían celebrado sus bodas de oro, y charlaban muy tranquilos, muy discretos, muy sosegados, delante de sus respectivos platos de albóndigas. 105 centímetros de mesa Stornäs creaban entre ellos un espacio que se diría de una densidad diferente. Como si, además de un tempo más pausado, la vida tuviera otro sabor en aquella cuadrícula independiente. Eran mis héroes.

Entonces ella fijó su mirada en la mujer que se acercó a paso de autómata a recoger, con gesto resignado y cara de fatiga, los restos de comida de las mesas contiguas. Cesó en aquel momento su charla y su sonrisa. Sus ojos, apagándose por momentos, la seguían de mesa en mesa. Su cara se nubló y se inundó de lástima y ternura. Quizás imaginó que algún hijo la estaría esperando en casa. Era 8 de marzo.

Como un niño a un animal exótico del zoo, su compañero observaba perplejo al joven que se encontraba dos mesas a su izquierda. También había pedido las albóndigas de oferta, aunque en media hora no había comido más que tres. Era difícil definir su gesto: ni triste, ni preocupado, ni relajado, ni contento... En todo aquel tiempo no había despegado sus dedos ni su mirada del móvil. Parecía muy solo.

¿Nos vamos? —dijo suavemente ella–. Y se levantaron. El hombre se rezagó unos metros. A través del amplio ventanal, miraba con gesto ceñudo la inmensa plantación de grúas, vallados y pivotes donde germinarían nuevos centros comerciales. Envuelta en una sonrisa, ella se arreglaba la bufanda mientras volvía en su busca. Se detuvo unos segundos detrás de él. En silencio. Luego lo cogió del brazo y caminaron hacia la salida. Los seguí con la vista hasta que desaparecieron. No se soltaron.

Quedó tras ellos un invisible remolino de armonía. Permanecí inmóvil unos minutos degustándolo. Luego me levanté, observé distraídamente el dedo eléctrico del chico del móvil, regalé mi mejor sonrisa a la mujer que recogía las mesas y me marché entre regaderas de chapa galvanizada y rodillos adhesivos antipelusa. Salí del parking y tomé la carretera del norte. La sonrisa me duró hasta el anochecer.


Juan Luis Blanco
4/4/2011

Brevísimo inventario de hábitos, gustos e intereses

domingo, 27 de marzo de 2011

Le divertía caminar mirando al cielo porque todo el suelo era camino para ella. Admiraba el horizonte porque nunca conoció límite más llevadero.
Le interesaban las banderas. Siempre fue el método más rápido para saber qué nombre poner al viento.


Juan Luis Blanco
26/3/2011