Ni tanto ni tan calvo

miércoles, 8 de junio de 2011

Era un hombre del montón.

Ni todopoderoso ni inútil: algo entremedias con la inteligencia necesaria como para intuir sus límites y la incompetencia suficiente como para hacer posible el crecimiento.

Y por otro lado,

ni tan incauto como para abrazar cualquier idea alternativa, ni tan conformista como para aceptar sin recelo las viejas doctrinas;

ni tan viejo como para dejar de creer en las utopías, ni tan joven como para vivir sólo de ilusiones;

ni tan ciego como para no ver la necesidad de algunas certezas, ni tan clarividente como para desembarazarse de todas sus preguntas;

ni tan visceral como para negar el encanto de algunos razonamientos, ni tan cerebral como para no escuchar a sus tripas en las grandes decisiones;

ni tan obtuso como para pensar que la virtud reside sólo en la moderación, ni tan simple como para no adivinar la amenaza que suponen los extremos;

en fin, ni tan miope como para no ver que el equilibrio se halla normalmente en el término medio, ni tan estúpido como para ignorar que el término medio no siempre es la mejor de las opciones.

Era, como antes decía, un hombre mediocre.


Juan Luis Blanco
8/6/2011

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si la mediocridad consiste es eso, ojalá yo fuera mediocre.

Feli

Anónimo dijo...

Y éste ser tan equilibrado y tan extendido;
¿Donde esconde su rabia, impotencia, frustración, imaginación, creatividad, expontaneidad, fantasía...?
¿En un cajón bajo llave llamado libertad?

Cada día disfruto más leyendo tus relatos.
Abrazotes.
ana

Juan Luis dijo...

Feli, si hablamos de mediocridad en su sentido estricto, a ti te iba a costar ser mediocre ;-)

Ana, en realidad se trata de un equilibrio más bien tenso: no estás a gusto en el centro, ni en los extremos y necesitas valorar las opciones cada vez porque no valen fórmulas. No sé, a lo mejor es que ser libre resulta agotador y no nos habían avisado...

Anónimo dijo...

Juanlu, el personaje piensa viviendo la comodidad, desde el momento en el que se plantea los extremos como una amenaza, yo ironizo desde los dos extremos, ya que en la mayor parte de los mismos, no los considero una opción sino una condición.

Supongo que la libertad además tiene un precio muy alto. Yo no lo sé.

abrazotes. ana

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