Spam

jueves, 5 de enero de 2012
Estaba al pie del árbol de cartón. Tenía forma rectangular. Ni pesado ni liviano, ni grande ni pequeño. Era un paquete que podía contener cualquier cosa, y por eso le gustaba especialmente.

Tan sólo habían pasado seis días desde que Amadeo recibió aquel e-mail. Todavía se seguía preguntando quién, desde la lejana China, esperaba venderle algo mediante aquel mensaje. Aunque en realidad, era imposible saber si el objeto del mismo era la venta de algún producto, pues el asunto era un galimatías indescifrable de ideogramas chinos. O coreanos. O japoneses... ¿Cómo saberlo? Pero la cuestión era otra: ¿cómo pretendían convencerlo? ¿Cual de los 148 habitantes de Cerezal de Peñahorcada podía entender aquello? Hacía tiempo que no era testigo de un esfuerzo tan inútil.

Ya iba a tirarlo cuando dudó. Sabía que era absurdo, pero se le estaba haciendo muy difícil deshacerse de algo cuya naturaleza ignoraba. Su curiosidad, que no conocía todavía la derrota, se impuso nuevamente, y no pudo evitar abrir aquel esperpéntico exponente de spam. Como imaginaba, lo que encontró fue un nuevo laberinto, más complejo todavía, de símbolos que ni siquiera sabía en que dirección leer. Y sin embargo, entre aquellas constelaciones de trazos enigmáticos, distinguió, en menos de un segundo, tres signos familiares. Eran dos cifras y un símbolo: 25$.

Sin duda era el precio de algo. Pero resultaba imposible entender nada más allí. Tampoco comprendía del todo qué era exactamente lo que le llevó a clicar en aquel enlace ininteligible, por qué buscó algo parecido a un botón que pulsar en aquella página web, qué le empujó a escribir su dirección y número de cuenta en aquel cuadrado blanco. Era una locura. ¡Aquello no podía funcionar!

Pero el día 5 por la noche no podía dejar de pensar en el paquete que había llegado aquella mañana. No lo abrió. Y con una tonelada de ilusión y un resto de cartón le improvisó aquel pequeño árbol. Estaba nervioso y le estaba costando dormir. En los últimos siete años no había habido ni árboles ni regalos de navidad en aquella casa. Y hacía más de cuarenta que había olvidado qué era vivir esas fechas con emoción. Se sentía feliz, pero algo desasosegado. Cambió de postura. Recordó el e-mail y su afortunada ocurrencia. Se tumbó de costado. Le vino a la mente el mono azul y rojo del mensajero. ¿Qué era lo que contenía aquella caja? ¿Quién iba a creerse que se había autoregalado una sorpresa? Tenía calor y se destapó. Al poco sintió frío y volvió a cubrirse. Estaba inquieto. Las primeras mil vueltas en la cama lo llevaron hasta su niñez. Hasta aquel estado de ilusión, esperanza y excitación absolutas. Nunca imaginó que volvería a sentirse así algún dia. Confiaba en que su regalo fuera, al menos, sencillo de usar. O que las instrucciones no vinieran solamente en chino. Luego dio otras mil vueltas y, por fin, mientras observaba plácidamente al mensajero, con su casco de oro y brillantes, atravesando aquellas nubes esmeralda en su aeroplano de cartón, se durmió.


Juan Luis Blanco
5/1/2012

6 comentarios:

Feli dijo...

Ains!!!!

Yo quiero saber que contenia el paquete!!!!

Juan Luis dijo...

Quizás me lo puedas decir tú. Cerezal de Peñahorcada te queda bastante más cerca que a mi... ;-)

Feli dijo...

Pero si esta aqui al ladito!!!. Y tu de q conoces ese pueblo? A mi no m sonaba de nada, y eso q he trabajado a pocos kilometros. :-)

Juan Luis dijo...

La verdad es que no lo conozco. Pensé en un pueblo de Salamanca, de entre 100 y 200 habitantes y que tuviera un nombre con solera. Un poco de Google fue suficiente.

Pero ahora me ha entrado la curiosidad, y mirando algunas fotos que he encontrado en internet, he descubierto que enseñan con orgullo su frontón de una sola pared, igualito que los frontones del País Vasco-francés, y que en fiestas bailan una danza con cintas alrededor de un mástil idéntica a una danza tradicional vasca. Estoy alucinando!

Anónimo dijo...

Lo bueno es comprobar que puedes volver a sentir sensaciones, tal vez no las mismas, pero si igual de intensas que las de tu niñez. Ese es el regalo no spam de esta historia.

((

Juan Luis dijo...

Si. Ese es el auténtico regalo :-) Nunca volveremos a nuestra maravillosa inocencia de niños, pero no está de más maquinar estrategias para recuperar algunas de aquellas sensaciones.

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