
hoy, como ya estarás presintiendo, tengo la imperiosa necesidad de serte sincero. Hoy vuelvo a tí, que siempre me escuchas impasible, para ver si acabo con tu infinita paciencia, para contarte que estoy harto de que lo recojas todo sin devolver nada; para decirte que me agobia que hayas sido testigo de incontables penalidades sin decirme un “ánimo, todo pasará” o que en los buenos tiempos no me hayas dedicado un simple “felicidades, disfruta este momento”. Te agradezco, eso si, tu capacidad para recoger cualquier vomitona por mal escrita que esté, por muy ácida que sea, por muy maloliente que resulte. Ahí no tienes rival. Ese silencio tan tuyo es la mejor garantía de confidencialidad. Pero ya me cansó tu afasia crónica. Ya me hartó tu imperturbale superficie inexpresiva, tu papel mudo, tu guión plano. Hoy voy a vomitar en otro lado, a mear fuera de tiesto, a salirme de tono. Hoy no cabe mi grito entre tus páginas. Hoy maldigo tu carácter reservado, tu vocación encubierta de libro de autoayuda y tu pretenciosa cubierta de cuero. Mañana me compro una agenda. Espero que sufras, en ese silencio tan tuyo, la larga estancia que te espera en el cajón de los calcetines.

27/10/2011