
La tarde en que la conoció comenzaron las extrañas transfiguraciones. Aunque las cosas seguían manteniendo su apariencia de siempre, no podía evitar descubrir extravagantes parecidos entre los objetos más dispares. Así, veía similitudes que nunca antes se le habían revelado entre los ataúdes y las bañeras, los timones y las ruletas, las cruces y los puñales, los globos y las bombas, los lápices y las lanzas, las bombillas y las lágrimas... En un principio se preguntó a qué podía deberse todo aquello, qué significado podía tener. Luego, prudentemente, decidió no ahondar demasiado en el asunto y se juró que, cuando lo encontrara, rompería el papel donde apuntó su teléfono.

23/11/2011